Comportamientos agresivos: qué hace cuando un niño pega o muerde
- Daniela Cal y Mayor Meyer
- 18 jul
- 4 min de lectura

¿Alguna vez tu hija o hijo ha pegado, mordido, aventado objetos o dado cabezazos cuando está muy molesto? Estas situaciones pueden ser desconcertantes e incluso hacernos sentir preocupación, frustración o impotencia. Es natural preguntarse: "¿Por qué hace esto?" o "¿Qué puedo hacer para detenerlo?".
Cuando hablamos de comportamientos agresivos en la infancia, es importante recordar algo fundamental: las niñas y los niños no suelen actuar de esta manera porque quieran lastimar o porque sean "malos". En la mayoría de los casos, estos comportamientos son una señal de que están experimentando emociones intensas y todavía no cuentan con las habilidades necesarias para manejarlas de otra manera.
Por eso, antes de centrarnos únicamente en corregir la conducta, es útil pensar en cómo acompañar al niño para que recupere la calma y, poco a poco, aprenda nuevas formas de expresar lo que siente.
¿Por qué aparecen los comportamientos agresivos?
Pegar, morder, empujar o aventar objetos son comportamientos frecuentes durante los primeros años de vida. Algunas razones por las que pueden aparecer son:
Frustración o enojo intenso.
Cansancio o hambre.
Dificultades para expresar emociones con palabras.
Sobrecarga sensorial o exceso de estímulos.
Cambios importantes o situaciones estresantes.
Necesidad de atención y conexión.
Falta de habilidades para resolver conflictos.
Cuando una niña o un niño está desbordado emocionalmente, las áreas del cerebro relacionadas con el razonamiento y el autocontrol funcionan con menor eficacia. Por eso, los sermones o los castigos suelen ser poco efectivos en esos momentos.
Paso 1: Garantizar la seguridad y poner un límite físico
Cuando un niño pega, muerde o avienta objetos, la prioridad es garantizar la seguridad de todos.
Esto puede implicar:
Sujetar suavemente sus manos para impedir que golpee.
Alejar objetos que puedan lastimar.
Mover a otros niños a un lugar seguro.
Colocarse cerca y transmitir calma.
El límite debe ser firme, pero respetuoso.
Por ejemplo:
"No voy a permitir que pegues. Estoy aquí para mantenerte seguro."
O:
"No puedo dejar que muerdas. Voy a ayudarte."
En este momento, el objetivo no es dar explicaciones largas ni imponer consecuencias. Lo más importante es detener la conducta y proporcionar contención.
Paso 2: Ayudar a regular el cuerpo y disminuir la intensidad
¿Cómo acompañar los comportamientos agresivos cuando las emociones son muy intensas?
Cuando las emociones están desbordadas, el cuerpo necesita recuperar la calma antes de poder aprender.
Algunas opciones que pueden ayudar son:
Empujar una pared con fuerza.
Apretar una almohada o una pelota antiestrés.
Romper papel o arrugar periódicos.
Saltar varias veces o correr en un espacio seguro.
Respirar profundamente junto con un adulto.
Tomar agua o buscar un lugar tranquilo.
Por ejemplo, si un niño comienza a aventar juguetes porque está muy enojado, podrías decir:
"Veo que tu cuerpo tiene mucha energía. Podemos lanzar esta pelota suave contra la pared o empujar fuerte con nuestras manos."
No se trata de ignorar el comportamiento, sino de ofrecer alternativas seguras para liberar la tensión.
Paso 3: Conectar con las emociones antes de corregir
Daniel Siegel y Tina Payne Bryson explican que cuando las emociones son muy intensas, primero es necesario conectar con el "cerebro inferior", es decir, con la parte emocional, antes de intentar razonar o enseñar.
Esto significa ayudar al niño a sentirse comprendido.
Por ejemplo:
"Te enojaste mucho porque tu torre se cayó."
"Querías seguir jugando y fue difícil escuchar que era momento de guardar."
"Parece que estás muy frustrado."
Validar una emoción no significa aprobar la conducta. Significa reconocer lo que ocurre en el interior del niño.
Cuando se siente comprendido, el cerebro comienza poco a poco a recuperar la calma y se vuelve más receptivo al aprendizaje.
Paso 4: Enseñar y redirigir
Una vez que el niño está más tranquilo, es momento de ayudarlo a aprender otras formas de actuar.
Aquí es donde Daniel Siegel habla de conectar y luego redirigir.
Por ejemplo, después de que un niño golpeó a otro porque quería un juguete, podríamos decir:
"Estabas muy enojado y pegaste. No voy a permitir que lastimes. La próxima vez puedes decir: 'Yo también quiero jugar' o pedir ayuda."
Si aventó un objeto y lo rompió, una consecuencia lógica puede ser ayudar a recoger o reparar lo que sea posible.
La idea no es castigar, sino enseñar habilidades.
Algunas alternativas que podemos enseñar son:
Pedir ayuda.
Utilizar palabras para expresar enojo.
Alejarse un momento.
Respirar o buscar un objeto para calmarse.
Esperar turnos con apoyo de un adulto.
¿Qué hacer después de una situación difícil?
Cuando todo ha pasado, es normal preguntarse si actuamos correctamente. Sin embargo, no es necesario ser perfectos.
Las niñas y los niños aprenden gracias a cientos de experiencias de acompañamiento y reparación.
Después de una situación intensa, puede ser útil preguntarnos:
¿Tenía hambre o estaba cansado?
¿Había demasiados estímulos?
¿Necesitaba más conexión o atención?
¿Qué habilidad todavía está aprendiendo?
Mirar más allá del comportamiento nos permite responder con mayor comprensión y favorecer el desarrollo de habilidades que le servirán durante toda la vida.
Una idea para poner en práctica
La próxima vez que tu hija o hijo pegue, muerda o aviente algo, intenta recordar esta secuencia:
Seguridad → Regulación → Conexión → Enseñanza.
Los comportamientos agresivos son una oportunidad para enseñar, no solo para corregir. A través de límites claros, conexión y acompañamiento, las niñas y los niños van desarrollando poco a poco las habilidades que necesitan para manejar sus emociones y relacionarse con los demás de una manera más segura y respetuosa.
Fuentes
The Whole-Brain Child. Bantam Books, 2011.
No-Drama Discipline. Bantam Books, 2014.
Center on the Developing Child at Harvard University. Brain Architecture and Self-Regulation. Harvard University.https://developingchild.harvard.edu/
American Academy of Pediatrics. HealthyChildren.org: Aggressive Behavior in Young Children.https://www.healthychildren.org
Center for the Developing Child, Harvard University. InBrief: Executive Function Skills Are Built in the Brain and Body.https://developingchild.harvard.edu/resources/inbrief-executive-function/


Comentarios